Mostrando entradas con la etiqueta Vidas ajenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vidas ajenas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de agosto de 2012

El día de la noche



imagen: Imilce


A veces todo pende de una palabra. Una luz para vivificar el día. 
A veces ella soñaba que su alrededor partía como una manzana recién caída, saliendo de sí los huesos preparados para parir una nueva planta. Un renacimiento. Pero su casa, su mundo, como un manzano viejo, no tenían intención de tornar el futuro. No hoy. 

Lusiana esperaba todos los días aquella palabra que colgase el día a la noche, como melodía inspiradora. Esperaba sentada en su porche, fumando tabaco de liar. Degustando los pliegos de otras vidas, que sin ser su reflejo maniataban la suya.

Se acarició los muslos a punto de color caramelo. Se sopesó el pelo arenoso. Y leyó un libro sin hojas. 
Sonrió porque no tenía ganas de llorar. Y de nuevo acomodó su cuerpo a la mecedora carmesí, esperando que llegasen otra vez las palabras, que sabía ella, acabarían por llover, como la violencia y la belleza de un diluvio, cuando menos se lo espera. 


Para ella, S (y los rincones), porque yo  sé que está. 

viernes, 20 de julio de 2012

Los cojones de María

María era de esas personas que te hacían volver a creer en el género humano. 
Entre moscas y calor, recuerdo aquellas tardes cuando la pequeña danzaba en el jardín mientras María y yo jugábamos a las cartas, apostándonos formas de nubes de una vida mejor que quizá nunca llegaría... Solía ganar yo, aunque ella lo hacía en otras cosas. Como las carreras de los martes para conseguir el mejor puesto, delante del nuevo cartero del pueblo. Aunque en realidad a mí me diese igual aquel muchacho, me gustaba competir con ella. 
Al final un día, María, se tiró al cartero, y yo quedé sin poder jugarme las nubes ese martes. Más tarde vino a mí, pero yo no pisaba las losas de mi comadre por si acaso confundía las cartas de jardín. 

Muchas primaveras antes de las tardes entre nubes, María se había quedado preñada con 16 años, no pudo abortar porque le faltaron 15.000 pesetas. En ese tiempo estaba tan penado abortar en tierras de dios como pedir dinero. A falta de los duros, tuvo una niña. La compensación fue extraña porque María era de esas mujeres, que de no haber sido así, nunca hubiera sido más madre que de una mochila y un mapa. En aquel entonces yo rondaba los 13 años, pero como casi todos los del pueblo, ya sabía fumar. Conocíamos a María porque nos regalaba tabaco de contrabando a cambio de ayudarla con el huerto.
No sé bien qué día, ella y yo nos convertimos en pilares mutuos. Pero sí cuando me salvó las bragas y la vida...
Corría yo un día sin colegio, con tres chicos del pueblo amigos de mis hermanos. Aquellos chicos me respetaban, pero habían robado vino de las bodegas de Paquín, y alcohol+culo joven, dictaba mucho del respeto, y más aún de las consecuencias en momentos de posible eyaculación no-pajillera. Quizá hubiera podido defender mi estampa por separado, pero eran tres y no uno y ése día yo llevaba falda. Pero María vino a mí, como Ulises a su Penélope, como caballo a su yonki. La recuerdo aparecer entre los matorrales, preñada hasta las cejas de unos 8 meses, la escopeta de su hermano, y el vestido remangado. Su voz chillando como una cerda en el matadero, sabiendo que no hubiera vacilado ni ante un ejército de 100 hombres, recuerdo el nítido del rojo de la sangre de Juan, el hijo del pescadero. "Por suerte" solo perdió 3 dedos, y yo mis medias de los días sin colegio. 
María los hubiera matado a los tres de ser necesario, incluso si el arma no hubiera llevado balas, lo hubiera hecho a culatazos, y sé yo, como sabían ellos entonces, que ni su bebé hubiera temblado en sus entrañas. Porque María tenía cojones. Y siempre los tuvo. 

Cuando la niña rondaba los 10 años, aún no había pasado ni un ápice de hambre. Aunque María y yo ya habíamos robado muchos tomates y saltado demasiadas vallas. Pero las cargas doblan espaldas, y María decidió cambiar de vida antes de partir la suya. Así, con la mano de su pequeña, como una extensión de su aire igual que un manantial de agua, como la sangre que perdió Juan aquella mañana.
Recuerdo que me apretó la cara y me dio las gracias. Memoro que yo, le apreté la mano y no dije nada. Pero mientras perdía sus siluetas en el andén, pensé que si el mundo hubiera tenido los cojones de María, todo nos hubiera ido mejor.

miércoles, 11 de julio de 2012

Astillas





Esperaba un pequeño paquete,
silenciosa, frágil
tras la mirilla de un séptimo,
piso, no cielo. 
Tan blanca ella, 
desesperaba.
Pintaba ciudades, pájaros, estrellas.
Un tiempo enfrascado,
dibujando
para compensar su retraso.
Humanidades irreales. 
Tocaba y pincelaba la paciencia por
él, 
su cartero.
Desgarro
de  espera. 


Tic tac quebró su pincel
un día cualquiera.
Entre reflejos ya
ni está ella,
ni el paquete,
ni el mensajero.

Tan sólo entre astillas,
aquel pincel,
como un vagón
sin pasajeros.







martes, 7 de febrero de 2012

Viagra y bolsillos



Temprano suena el despertador de Sabena. Trabaja en un almacén de lechugas. Le gusta llegar con tiempo para fumar un cigarrillo en la puerta antes de entrar a luchar con los tallos herbáceos. Sabena sabe que el tabaco es una mierda, pero el humo de cada calada la hace descentrarse de su periferia negra. Hace poco leyó en una revista que cada cigarro resta 30 segundos de vida, sonrió irónica pensando que el trabajo le roba 14 horas diarias y nadie lo llama cáncer.
Sabena navega entre los escombros de una mala vida, pero tiene humanidad, cultura y alma, vive en un barrio intermedio entre clase la baja y la muy baja, aunque al igual que sus vecinos, pronto será expropiada para dejar paso al proyecto millonario "Ciudad Empresarial", el alcalde de su ciudad es muy profesional, sabe limpiar mierda y convertirla en oro. Colchones llenos y manos negras, como todas las bocas que cada día se quedarán sin techo y cama. 
En el extrarradio de su barrio ya han desaparecido algunos edificios viejos, en su lugar lucen inmensidades con fachadas espejo que emulan un cielo cada vez menos azul. Construcciones que sacian el ego de los "hombres de bien", compensando sus diminutos miembros y dudosas intenciones. Violencia doméstica sobre tarima flotante.  Adicción en cristal de Bohemia. 
Por las mañanas al pasar por el nuevo área empresarial, Sabena espera varios minutos en un semáforo que con su rojo le grita "TÚ NO PUEDES PASAR", mientras cientos de hombres y mujeres trajeados, cruzan rápidos para sentar sus fibrados culos en sus despachos de cristal. Suelen centrar sus miradas arrogantes en su destartalado coche gris, Sabena aguanta cada una de ellas, e incluso a veces cree ver en sus ojos símbolos de máquinas traga-perras y en sus bocas blancas, colmillos afilados. Pero no les tiene miedo, sólo los desprecia. Como el animal débil odia al depredador más fuerte.
Hoy Sabena cumple 29 años y como siempre no recibirá ningún regalo. Pero no lo necesita. Hoy ha decidido que nada la hará esperar, ya se le hizo demasiado tarde. Hoy el escarlata del semáforo no será el único que inunde de rojo el nuevo área empresarial. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Ecuación




De escenario, paredes alicatas, un reloj varado, un hornillo sucio, un frigorífico cansado, una mesa, alguna silla. De olor, un pequeño tufo a  manzana podrida, un fuerte aroma a estofado cortesía del patio vecinal, olor a detergente marca blanca, desaparecerá en el momento que la ropa deje de estar mojada. Mucho asco y alcantarilla. 
De sonido, orgías peatonales, coches en marcha, cuchicheos en megáfono, música comercial, un televisor de fondo, quizá dos. Podría escucharse el canto de los pájaros, pero son demasiado insignificantes para el mundo como para dejar espacio a su piar. 
Y sobre las losas de la cocina se encuentra él, que no provoca otra cosa que  pena, es huesudo, blancuzco. Siempre calmoso. Se llama Carlos y tiene 14 años. 
Su padre, Lorenzo, se encuentra en la habitación de matrimonio follando con Mariana, la carnicera, casada con Julián, el barrendero, que después de 19 años limpiando mierda en las calles, no  ha sido capaz de raspar la basura de su propia casa.  
Julián peca de minipene. Mariana peca de grandes tetas.  Lorenzo peca de mucha experiencia en comer coños.  Lo bueno de los barrios es que todo queda en los barrios. Y todas las mentiras son ecuaciones resueltas por el método de igualación. 
La madre de Carlos, Antonia, se encuentra empotrada en una habitación auxiliar, respirando a través de máquinas traidoras que no la dejan marchar. Antonia y su cuerpo casi no existen, pero están. Antonia vive desde hace 4 años en muerte cerebral. Antonia quiso limpiar lo innecesario de las persianas que dan a la calle, un traspié  la hizo caer desde un tercero, pero el coche de Perico el bombero amortiguó su caída. Por desgracia para Antonia vive en un país el cual prohíbe la muerte asistida, pero consiente vivir en pena de muerte. Por desgracia para Antonia su marido es un cobarde.
A Carlos le entristece pensar que pronto dejará de ser un niño, porque le repugna convertirse en un adulto. Carlos sabe todo lo que pasa en su casa, en su barrio, lo sabe porque observa, porque es inteligente y piensa demasiado. Lo que nunca imaginó es que acabaría ocupándose de cambiarle el pañal de mierda a su madre, mientras su padre gasta lo que podría costar una asistenta jugando a las cartas en el bar.


Carlos ha cerrado todas las ventanas de la casa, es el momento de dejar de oír. A Carlos siempre le gustó el color del butano. 
Y Carlos abre el gas. 


(Texto inspirado en Alástor y en sus bombones de butano,  feliz cumpleaños)

lunes, 7 de noviembre de 2011

Coloide




Despierta dentro de un contenedor de mercancías sin puertas ni ventanas. Como si lo hubiesen construido a su alrededor mientras dormía. Está mojada y tiene frío.{Incertidumbre}.
Un grifo abierto llora agua a borbotones, la escupe como un vomito después de beber durante horas el peor whisky viciado. El alrededor priva de sentido. Busca una lógica {Asimilación}.
El agua empieza a sobrepasar sus pies. Esto no puede estar pasando, joder. Es imposible, ¡mierrrda! Tengo que salir de aquí. ¡¡SOCORROOOO!! JODEEER.-grita.
Cualquier esfuerzo es el sin sentido del que lo apuesta todo al  caballo enfermo {Histeria}.
El agua toca sus rodillas. El aliento, el aire. Todo falta. Tiembla, ya no es por el frío. {Pánico}
En busca del control trata de manejar su respiración, uno, dos, tres, cuatro, cinco, cinco joder, seis, sie sie siete...¡maldita sea! ocho, nueve, diezzz, uno, dos, tres......
Necedad por controlar un miedo inminente, observa un fin a contracorriente, espera incrédula su acercamiento. Como estar atado de pies y manos frente a un cuchillo que ya roza la piel, mientras unos ojos psicópatas saborean el miedo, canturreando una canción infantil triste y moribunda, al son que la sangre gotea ... na naa na /la niña tiene miedo/ la niña corre por el suelo/ si la niña-cae /el lobo comerá su cuer-po/na na na... {Impotencia}
El agua empieza a violar su pubis. Sensación de multitud, como miles de manos manoseando su cuerpo. Manos frías, sucias. Manos hambrientas subiendo poco a poco, acristalando su piel.
Los minutos abandonan el juego, lo segundos juegan la segunda parte. Pronto su pecho.
Golpea las paredes con fuerza. Locura. Cabeza, manos, espalda, pies. El agua torna roja. Todo desfila demasiado rápido. Pierde el sentido por momentos {Turbación}.
Comienza a flotar, nada como un perro. Agarra inútil las manos al techo, desmembrando sus uñas. Nada duele ya. El esfuerzo es una línea débil, los músculos cada vez son más pesados. Eternamente len-tos {Agotamiento}.
De repente se observa tras una ventana, comiendo los canelones que su madre hacía los domingos. Riendo en familia, tranquila {Alucinación}.
Recobra la cordura unos segundos mientras cae lenta, sumergiéndose poco a poco hasta tocar de nuevo el suelo. Apnea.
Los pulmones son ya globos de agua. No puede más, todo se paraliza {Derrota}.
Y justo en la última décima antes de perder el sentido, piensa: - ¿y porque coño no intenté cerrar el grifo? {Estupidez}.

jueves, 27 de octubre de 2011

A través



En una cajita oxidada guardaba los ojos de él, que eran del color del barro fresco. Unos ojos abiertos a un escogido infinito donde a ella le gustaba acurrucarse cada día.
Los sostenía con cuidado para no quebrantar el cristalino de su retina, acariciándolos despacio con sus pulgares, mientras los elevaba sobre los suyos, colocándolos delante, mirando a través del catalejo de aquellos ojos translucidos, libres de cobardía y sospecha.
Y allí encontraba todos los lugares que él había visto en su vida. Tras ellos percibía el mar, las ciudades margarinas, las formas atractivas que sólo él había sabido encontrar en los rincones de polvo y cáscara, y así veía de nuevo todo lo que ya creía olvidado.
Degustando cada color soñaba, dejando para el final su propia imagen, como él la solía observar desnuda, diosa ante cualquier defecto. Y se contemplaba a sí misma joven, única, amada y bella, todo lo que no podía ver tras un espejo ahora. Y lo horrible se convertía en humo disipado sin olor ni sonido mientras el mal sintetizaba su presencia. Y sentía de nuevo la grandeza de ser y estar en la misma charca. 
Y como cada vez al terminar su paseo, con los ojos de nuevo en la cajita, la apretaba contra sí fuerte y delicada, como al aire que la mantenía hilada, mientras pensaba que realmente hizo bien quedándose con los ojos de su amado cuando marchó, sabiendo que en el nicho no le hubieran servido de nada.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Soldier


Craco había sido reclutado para la maldita guerra otra vez y estaba cabreado.
Craco no tenía nada qué añorar, pero no por eso deseaba luchar al frente para un puñado de nacionalistas ansiosos de territorio y poder infructuoso. Su sueño no era morir por los intereses trastornados de unos pocos, ni luchar por un estado que ni amaba ni consideraba suyo. Pero había jurado fidelidad a una bandera casi a punta de arma y no existía el "no" por respuesta.
Eran tiempos difíciles, tiempos en los que el mundo seguía luchando por su reparto a la par que se revolcaban como cerdos en el barro llorando hipócritas a sus soldados muertos.
A Craco no le gustaba la guerra. A Craco sólo le gustaban las mujeres y el whisky. Pero de  nuevo tenía la oportunidad de demostrar que no era cobarde renegado de su patria y recuperar el honor de una familia que lo repudiaba, que regresase vivo o muerto daba igual si en el camino lograba algo. Pero él no tenía pretensión de ser orgullo de nada ni nadie.
---------------
Ahora se encontraba en territorio enemigo, él y un grupo de novicios habían sido enviados como infiltrados en una misión de reconocimiento, a modo de imberbes kamikazes. La ciudad en cuestión era un hervidero de enemigos que iban forjando en piel un odio a fuego,  hacia aquellos usurpadores extranjeros, a cada paso que la guerra avanzaba. La misión había sido un fiasco, regresarían a su campamento con las manos vacías.
Craco encontró un pequeño tugurio abierto para tomar unas copas antes de localizar a sus compañeros, debía rendir homenaje al que quizá fuese su último día. Era uno de esos locales frecuentados por indeseables que acaban convirtiéndose en un trozo más de la barra mugrienta, animales sin más olor que el del whisky barato.
Al poco Craco ya sentía explotar un volcán de saturación alcohólica en su boca, el dueño del antro le negó el acceso al baño, así que tuvo que salir fuera, el olor a pescado podrido del puerto inundó sus fosas nasales provocándole otro fuerte amago. Se apoyó sobre unas cajas y comenzó el mismo ritual que cerraba siempre sus verbenas. De repente escuchó unos pasos, se aproximaban botas militares. Craco vestía de civil y podría haber pasado perfectamente por un simple pescador borracho, pero la sensatez hizo que se ocultara tras las cajas. Eran tres, se detuvieron a su altura. Craco contuvo la respiración... Dos de ellos comenzaron a orinar, el líquido mojaba el suelo y se escurría tras las cajas escociendo las manos cortadas de Craco, estaba siendo meado por los enemigos antes de empezar la guerra, “mal asunto” pensó, pero lo peor estaba por llegar:
- ...esos cabrones van a sentir haber comenzado esta guerra, mañana su maldita nación quedará huérfana de hombres ja ja ja ja ja.
- Eso será si los juguetitos no fallan...
- No empieces con tus augurios pusilánimes. Nuestros científicos llevan años trabajando en ello, no fallarán, las últimas pruebas han sido más que favorables, un simple chisme de esos es capaz de volar varias casas. Lloverán vísceras y huesos, y por la noche lo celebraremos cenando soldaditos rojos a la brasa ja ja ja ja.
Cuando el sonido de las botas desapareció, Craco aún temblaba. El enemigo contaba con una nueva arma militar totalmente desconocida para su ejército grande pero arcaico, y parecía ser algo colosal. Era una información más que valiosa, era la información que salvaría a "su" patria de un final catastrófico y con la cual podría elevar alto su carrera militar. Esa información era un golpe de vida para lograr resistencia. Craco lo tuvo claro, se puso en pie y comenzó a correr, tanto que no paró durante horas...
--------------------
El suelo retumbó bajo los pies de Craco cuando escuchó el primer BOOOM, mientras desayunaba café y tostadas en un hostal a cientos de kilómetros.
La guerra había llegado a su fin. Y Craco más que un traidor, se sintió un héroe.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Relativo





Juró que nunca más lo haría, nunca. Que jamás volvería a pisar sus principios, jamás.
Lo juró por sus cuatros hijos y por su madre muerta.
Sentenció mil veces aquel sitio, maldiciendo el día que lo pisó por primera vez y escupió en el nombre de aquellos cerdos manipuladores.
Prometió que por nada del mundo lo volvería a hacer, nunca, nunca más. Antes se cortaría una mano, o se sacaría un ojo, o se rociaría ácido en la piel.
Lo tenía claro, empezaría de cero. Borrón y cuenta nueva. Sería un hombre nuevo.
Por primera vez se sintió orgulloso de sí mismo por decir NO.

Pero lo gracioso es, que sólo hizo falta un pequeño sobre lleno para que olvidara todo lo anterior.

Y silencio.

 

lunes, 8 de agosto de 2011

Me lo distes todo Mari Carmen


Estaba de pie, en el último borde de la esquina del balcón.
No era un suicida, ni un penitente flagelado, era más bien un vago. Un trocito de papel que se dejaba llevar por el aire. Ahora más que nunca era incertidumbre y juicio mental.
Creyó que sería mejor pensarlo una vez más y de paso apurar el culo de la botella de vino, que estaba de puta madre y era lo último bueno que le quedaba en aquella casa bastarda, mejor llevárselo con él.

Se sentó entonces en el suelo del balcón y de nuevo insistió en la decadencia de su vida, en su savia parasitaria. La había cagado bien, y ahora tenía que largarse de allí cuando antes. Recomenzar, empezar de cero en otro punto, -de cero, joder, y es que la palabra ya le desmotivaba. Sabía que iba a ser un coñazo, primero huir, reunir para subsistencia, buscar un sitio alejado donde avivar sus cenizas. A él que no le gustaban nada los cambios. De ahí la opción de tirarse, morir era más raso. Once pisos. Sonrió pensando que sería la hostia irse de este mundo cayendo sobre el cochazo de algún cabrón sacabarriga. Pero sabía, no tendría esa suerte.

Y luego estaba ella, que no sabía nada, de viaje, - pensó -de viaje, yo a punto de morir y la muy zorra de viaje.- Tampoco iba a llamarla para decirle: -Oye que me tiro, que se me fue de las manos. Que es una pena que no estés aquí para echarte un polvo de despedida, pero hasta eso se me ha puesto en contra. Que te vaya bien chata. Que te cuides.-  Él era un egoísta reconocido, pero era mejor no joderle el viaje. De todas maneras ella tampoco podía hacer nada, y eso era lo que más importaba, soluciones.
Ella más que otra cosa, estaba buena, excitante, perversa, viciosa, se empalmaba cada vez que la veía o la pensaba. Eran caviar sobre sábanas. Como pareja eran una basura . No se querían demasiado, ni compartían vidas, pero siempre se apetecían a la vez. Se intuían, sin llegar a necesitarse. Así que estaban, y era bastante .
Volvió al meollo del problema. Lo peor es que él y sólo él era el culpable de haber convertido su vida en un agujero negro hambriento que cada vez tragaba más y más de él. Pero no se sentía triste ni asustado. Se sentía cansado, perezoso por cualquier cosa, menos por saltar.
Recordó una vez más como empezó la espiral.
----------------------------Sucedió en una sala de espera, en una maldita consulta médica . Todo empezó esperando, básicamente a lo que había dedicado su vida. Así conoció a aquel tipo, dos hombres entre revistas de corazón.
Echar la culpa del problema a un dibujo era algo patético, pero no para él, centraba su ira contra aquel maldito tatuaje y su leyenda. La fuerte curiosidad hacia aquella  frase sobre unos brazos exageradamente hinchados por el ciclo,
 “ Me lo distes todo Mari Carmen”, se leía sobre aquel trozo de carne.
En ese momento pensó en quien coño sería esa Mari Carmen que lo daba todo. Él que siempre había creído que era imposible que una mujer pudiese darlo todo.
En cualquier otra situación, aquellas letras le hubieran importado bien poco, pero el aburrimiento consiguió que su espera se centrara en aquellas 6 palabras, sintió esa necesidad incontrolable del porque. Encontró una misión durante esa espera interminable: entablar conversación con aquel Songo ku mega fusionado. Necesitaba saber más sobre aquel tatuaje. Logró conocer la historia de Mari Carmen resultó ser un fiasco: ella era el amor de su vida, y ese fue su regalo por el décimo aniversario.
 Por las pintas de Songo ku imaginaba que el amor hacia Mari Carmen no era de película. Seguramente Mari Carmen era engañada cada poco con otras mujeres. Juzgar, siempre se le dio bien.
Sin embargo compensó su chasco saliendo de aquella consulta con un nuevo trabajo. MelodistestodoMariCarmen trabajaba para una "gran empresa", una buena familia. Trabajar para la mafia no era la "idea madre" cuando salió de la escuela de arte dramático hacía ya 10 años. Pero como actor no despuntó demasiado, lo mismo que nada o aire vacío. Entre opciones alternativas de trabajo esclavo - sueldo miseria - jefe cabrón, lo que ofreció MelodistestodoMariCarmen no estaba del todo mal y se convirtió en su padrino, su maestro a lo Cosa Nostra. Hasta le cogió cariño. Todo iba viento en popa. Trabajaba un par de veces al mes, fiestas privadas, cocaína en bandeja... Y dinero, mucho. 
Los primeros trabajos eran sencillos, luego la cosa se le complicó hasta un punto insostenible, ilógico, absurdo, no supo manejar sus nervios y encontrar sangre fría.
 También ayudó bastante que se follara a Mari Carmen. Esa fue la última gota. Y no, Mari Carmen no lo daba todo. Pero no pudo controlar la incertidumbre, por si acaso.
Condenado de traición, las salidas ahora se cerraban ante una mafia que controlaba todas las puertas. Esos hijos de puta no entendían de errores, mucho menos de perdón.
------------------------
Y ahora tirado en el balcón, repasando esos últimos días, empezó a reírse como un espectro atado a la locura. Una risa incomprensible, abstracta como la noche. La risa de un cabrón ahíto de mugre.
-Sí, quizá tirarse es la mejor opción. Quizá no.-  Se acababa el tiempo. 
Volvió a subirse al borde, y miró entre los dedos de sus pies descalzos el enorme abismo, que dibujaba una gran vía, luces, movimiento constante,  puntos de personitas. Identificó un coche, paró en la puerta de su edificio. Bajaron cuatro hombres mega fusionados. Songo ku acompañado de Picolo, Vegeta y otro más. El destino iba cerrándose sobre la primera opción. Rojo era rojo, y sabía de sobra que era un puto Mercedes, de la mejor gama por supuesto. 

-Perfecto. Dos pájaros de un tiro. En el infierno cabrones, tendrá que ser en el infierno.

jueves, 28 de julio de 2011

Sangriento equilibrio


La culpa fue del Karma por no hacer nada, y ahora tiene las manos ensangrentadas, folladas, destrozadas, rotas, anestesiadas, frágiles, cansadas. Sus manos tienen sueño y su boca pronuncia cristales de cicuta, la saliva le brota como estrellas fugaces que provocan nervios al que se sabe necesitado de un deseo, pero no decide cual ansia con más fuerza. Sus palabras están violadas, las pronuncia ligeras y suenan a líquido epidural en sus oídos.
.
.
.

Odio cuando gritas que pare. Odio cuando escupes sangre. Odio toda esa melopea que simulas cada vez que golpeo tu espalda después de tu escena faldera.
Odio las marcas de pegamento que rezan en tu piel cuando arranco la cinta.
Odio el olor de tu saliva corrompida por miles de pubis arrendados.
Odio tu cara de quirófano cerrado y tu oscura tez blanca.
Odio tener que destornillar tu piel y trabajar tus vísceras. Odio tener que sentir el asco y la repulsión a la par que vomito sobre el mismo suelo que mancha tu sangre, odio mezclar de alguna forma nuestros jugos.
Odio tener que hacer esto sabiendo que aún respiras, pero lo que más odio es saber el por qué lo mereces, y  joder mi tarima flotante.
.
.
.
.
.
.
.

Y él deja de respirar. Y ella deja de odiar.
Ahora sólo queda limpiar la carnicería y empezar de cero, con las manos blancas y el dichoso Karma, en su sitio.

viernes, 15 de julio de 2011

Nivel: No buscar medidas ni naranjas


Ella, alma anhelante de su medio ser, su dos por uno, aquel que compartiera con ella su afición por el arte, su excelente gusto por la música, su pasión por el senderismo y la vida vegetariana. A ella que le costó tanto encontrar un molde a disposición, su buscador de sueños y aventuras ciegas.

Y cuando por fin lo encontró, consiguió crear con él aquella historia bohemia en la que los post-it manchados de poesía inundaban su frigorífico no-frost y las conversaciones nocturnas se bañaban acompañadas de un añada 96, para después culminar sus veladas con un sexo que llenaba todos los rincones de su terraza solarium, iluminados por la luna y velas aromáticas no sintéticas.
 Y cuando el patrón ya era a medida, un día le dijo:

 - Creo que voy a dejarte.

- ¿Por qué?
- Porque ya no me follas.
- ¿Cómo que no te follo?
- Perdón, porque ya no me follas bien.

Y toda la parafernalia de media naranja y sueños perfectos se redujo a eso.

Y la casa quedó sola, absorbida por miles de post-it petados de poesía de lata. Barata.

lunes, 20 de junio de 2011

TÚ NO CHINO


Proverbio chino
“Entristécete no porque los hombres no te conozcan, sino porque tú no conoces a los hombres.”.



viernes, 20 de mayo de 2011

Eclipse


No se elige donde se nace, no se decide de quien se nace, tampoco el color de piel, ni ojos, ni pelo. Se llega incoloro y el alrededor dispone. La natura no está en nuestras manos.
Él no eligió nacer en el peor barrio marginal entre mantas adornadas de verdosa mugre y ennegrecida sangre. Tampoco a su padre alcohólico y dependiente de agujas no clínicas. Ni a una madre de sombra inexistente. Menos a un hermanastro perturbado.
------------------------------------
Asumía 12 años recién cumplidos, aunque desconocía exactamente cuando era su cumpleaños. El hambre y el miedo, compañeros de viaje, pero auto criarse y lamerse las heridas le dispersaba de ellos, a veces. Padre no solía pegarle cuando iba colocado, agradecido de que esto fuera un perenne siempre.
Otra meta era poder acudir a la escuela del barrio contiguo a menudo, desaparecer del polvo envolvente durante unas horas era un suficiente enorme.
Hermanastro mayor pasaba algunas temporadas con ellos cuando no estaba en la cárcel. El simple sonido de su voz avisando su nueva llegada le producía fuertes arcadas. Violaciones con desgarro y dolor que calmaban el vicio incontrolable del continuo reo y despertaban el pánico traumático de la criatura ultrajada. Después de la profanación de su tierno y joven cuerpo imploraba afónico la ayuda de su progenitor entre lágrimas de vergüenza, suplicio y tormento, él entre risas le llamaba maricón.


Un jueves decidió preguntar a la hermana de su único amigo el porque de sus últimas ausencias en la escuela.
- ¿Mi hermano? En el reformatorio, ya no le veremos hasta los 15 ó 16 años.
- ¿El reformatorio qué es?
- Pues un sitio donde te llevan si te portas muy muy mal, es como si vivieras en el colegio siempre. Duermes allí, comes allí y estudias allí. Es una cárcel pero de menores.
- ¿Y tu hermano está bien allí?
- Bueno... dice que al menos come todos los días.
------------------------------------
Hay momentos en la vida que la claridad de una decisión es luz cegadora. Eclipse de corazón y mente. Todo cuadra. Los años, la experiencia y la inteligencia no entran en ese tipo de decisiones. Sobran. No tienen cabida.
Su primer eclipse fue a los 12 años. Tenía que hacerlo. Cada vida debía tomar un túnel distinto. Podía desviarse. Quería elegir.
------------------------------------
Cuando la policía le preguntó no vaciló al reconocer:
- Sí sé quien lo ha hecho, yo.
- ¿Tú le has prendido fuego a tu casa con tu padre y tu hermano dentro?
- Sí.
- ¿Porque?
- Tengo hambre.