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miércoles, 11 de julio de 2012

Game Over V



(Game Over IV en: http://miguel-bujan.blogspot.com.es/2012/07/game-over-iv.html)

Con la conquista de Los Veintinueve Universos, cada héroe de guerra había sido congratulado con un planeta, tamaño, según méritos conseguidos. AgRQu1nc3 gozaba de una preciosa esfera de colores. En ella había construido una plataforma inmensa para vivir cómodamente. 
Milk estaría bien allí, prepararía todo para su estancia en la zona privada de su lar.  
Mientras alimentaba a la cría con una mezcla vitamínica apta para su organismo, sabor químicamente afrutado, pensaba de nuevo en la desemejanza de sus orígenes naturales con la de los humanos. Las hembras de su raza, elegían a los machos adecuados para cada cría. El proceso protector materno era dilatado, las madres nutrían a sus brotes con su energía hasta completar la etapa de maduración. Después, extinguida de combustión vital, moría, dejando un ser adecuado a las necesidades de producción en su lugar. Nadie sentía pena por cada madre finada, pues era una muerte prevista, lógica, natural. No era un sacrificio, ni una muestra de amor maternal. Era la ley de sus savias. Muerte necesaria, vida organizada. 
Con el progenitor masculino el vínculo era distinto, los  machos preparan física y mentalmente a sus frutos. Cada padre, maestro de su vástago. Dueño de su futura disciplina y posterior culpable en caso errado. 
AgRQu1nc3 sintió algo parecido al frío de un hielo sobre su cuerpo caliente. Jamás había planteado con tristeza aquel organigrama impecable, dictador de su existencia. Acumulaba cierto cariño hacía sus progenitores, pero no era un amor familiar, sólo un agradecimiento hacía los autores de su vida. Nada más. 
En su especie, la función sexual era únicamente reproductora, por placer estaba totalmente prohibida bajo muerte.  A pesar de esto, tenían necesidades sexuales, que sin más remedio restituían sin compañía.
Pensó entonces en el sexo humano. En la importancia que ellos daban a tal acto. Haciendo de él, el pretexto esencial para una vida placentera... Nunca los entendería, pero curiosamente sintió un cosquilleo extraño…

jueves, 5 de julio de 2012

Game Over III

(Game Over II en:  http://miguel-bujan.blogspot.com.es/2012/07/game-over-ii.html )




Y la nave fue de repente una caverna donde recién se han descubierto pinturas rupestres. Tembló entero él y todas sus articulaciones. Instintivamente AgRQu1nc3 detuvo el conmutador de transmisión de coordenadas. Deslizó su nave, como quien desliza un caramelo desde la punta de la lengua a casi el final del paladar, suave, como teniendo toda una vida por delante. Cavilaba rápido cuál muerte daría al último vástago que la providencia le concedía el placer de satisfacer. La victoria del Planeta Tierra ya nunca podría asignarse a su raza, pero bien podría contar en las reuniones comunitarias que fue él quien mató al último humano. 
A pocos centímetros del único heredero de la barbarie, extendió su lengua secundaria sobre él, pues la mejor arma, no era otra que el líquido salivar de ellos, con un alto contenido de algo similar a la tetrodotoxina. Su lengua, al contacto con cualquier orificio, expande una sustancia pegajosa y negra. En segundos, las constantes vitales disminuyen, enroscando unos músculos enrojecidos, precediendo una espiral de huesos, sangre y colores. Mientras tanto los conductos internos se bloquean. La sangre coagula, paralizando desde cutículas a intestinos. Sin embargo el corazón, capitán del barco, bombea desesperado como último intento de mantener a su tripulación con vida. Para entendimiento social, digamos que el cuerpo explota por dentro. Como unos fuegos artificiales de invierno. Como una tormenta de verano. Como un orgasmo sobre las flores de primavera. 
Debe haber algo universalmente universal, pues la compasión a veces se apodera de la más brutal criatura. Junto con una violenta curiosidad de saltar las reglas... Si algo tras sus estudios, había envidiado del los humanos, era aquella maravillosa forma de actuar sobre impulsos, siguiendo las pequeñas hormigas que danzan en un estómago. Haciendo caso omiso de cordura. Reinando pues, una la locura instintiva. 
Sabía perfectamente trucar el receptor biopsíquico para que ninguna señal del hallazgo tuviera lugar. Escondería a la cría, aprendería de ella, estudiaría sus movimientos... quién sabe. Algo parecido a la ilusión brotó en él. 
Era una demencia colosal que rompía su firme disciplina... Pero el convencimiento de aquel acto llegó en el momento que aquel bello ser lineó su mirada con la suya...

lunes, 18 de junio de 2012

Game Over



Por la posición solar debían ser las 12,00 AM hora terrícola, cuando AgRQu1nc3 pisó el Planeta Tierra. Su temperatura se transmutó en 2 segundos, sonrió, había practicado mucho tiempo en la cápsula emuladora de oxígeno para conseguirlo, de hecho, había perdido más del 30% de sus órbitas oculares, era realmente desagradable cada vez que le explotaba un ojo. Quizá la parte más dura de la preparación. Pero sin aquel aprendizaje, su estructura celular no hubiera podido aguantar más de 5 segundos al contacto con los gases y el calor. Mierda de clima terrenal. 

Estaba nervioso, pero firme, habían sido 1.800.390 actiarios, en dialecto terrícola, 18 años, elaborando la conquista de Los Veintinueve Universos. Era el último planeta por someter. Su cometido esta vez era el más importarte, tras el primer paso de reconocimiento, daría la orden, y miles de naves del tamaño del Mar Rojo sucumbirían el Planeta Tierra. Todo estaba previsto para el postre final. 
Pero tras la emoción de un sueño casi patente, advirtió algo anómalo. Según sus cálculos, debía encontrarse en Berlín, capital, sino recordaba mal, de Alemania. Pero era imposible, pues tan sólo acertaba a ver, restos de lo que los humanos llamaban edificios, escombro, acero y huesos. Quizá había desatinado el punto de aterrizaje. Se sintió ridículo por unos segundos. Así que montó a la nave de nuevo, limpió sus extremidades de apoyo de una pegajosa bilis, que por el color ennegrecido, debía ser de Ángela Merkel y puso rumbo hacía el siguiente punto, New York. Pero la visión volvió a repetirse. Después en Tokio, Madrid, Caracas, donde tuvo un desafortunado episodio con un trozo de oreja, que por lo puntiagudo de su terminación debía ser de Hugo Chávez. Más tarde Bagdad, Londres, París, Nada. Desolados grises. Incomprensible. Él y los suyos reinaban ahora Los Veintinueve Universos. Nadie podía haberles adelantado. 
Pero en su desconcierto, atisbó un halo de luz, había estudiado mucho sobre los entes terrícolas. Seres extraños, de falso coraje y desmesurada violencia. Estúpidos en doctrina. Animales reinados por animales, alimentados de sus propias carnes. Reproductores de copias por placer. Copias que más tarde destruirían las copias anteriores, y así, sucesivamente, todo muy loco. 
Sólo una raza tan necia como la humana era capaz de destruirse a sí misma. 

Con extraña pena subió de nuevo a su nave. Le hubiera gustado ver explotar aquella esfera de colores dominada por smartphones, gases tóxicos y reggaeton. 

En realidad, nunca una guerra fue tan fácil. Ni tan ridícula.