Mostrando entradas con la etiqueta Ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ficción. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de octubre de 2013

Virus soy tu Bacteria



En las noticias oíamos que el mundo empezaba a desvincularse de su membrana, que pronto caería. Su núcleo se dividía, siendo miles de núcleos que acababan en cero. Vulgarmente decían que se iba a la mierda. 

Es difícil creer en algo cuando todo lo que es reproducido más de una vez trasluce a mentira. Es difícil pensar que por mucho que todo vaya mal, la cosa llegue a desbaratarse hasta el final, como un castillo de naipes. Como un cuerpo infectado sin antídoto. 

A pesar de, oíamos la radio. El mundo supuraba destrucción por doquier. 
Pensábamos que mientras no fuese el nuestro, todo iría bien. 
Y todo iba bien, todo estaba en su sitio, nos decíamos.
Se oían explosiones a los lejos, se oían llantos, pero no eran de ninguno de los nuestros. "¿qué importaba que otros llorasen? nosotros estábamos bien".

Pero la Creación  seguía reventándose ahí fuera. Pero por suerte nuestro aire continuaba trayendo corrientes de paz, y con eso desvanecíamos los ruidos del extrarradio . Acuarela sobre acuarela, no era nuestro problema, nada podíamos hacer.

Una mañana soleada puede ser como la rara belleza que a veces tiene la muerte. Como los cantos de las pseudo-náyades.  Era un buen día para pasear, al fin y al cabo nosotros estábamos como siempre, no teníamos nada para ellos. 
Sin embargo y extrañamente ese día las sirenas sonaron más cercanas que nunca. 

Cuando quisimos componer el mundo de afuera, el nuestro ya estaba roto, y no tuvimos más remedio que afirmar aquello de que todos los mundos son uno. Todas las manos. Todas las mentes. Todos los problemas son el mismo cuando nada queda.

viernes, 10 de mayo de 2013

¿Por dónde?




No existen los espíritus ni los fantasmas. Tampoco los hobbits ni las ratas mutantes. No existen los lagos de lava que no quema. Ni las arañas parlanchinas que viven en los sombreros. No existen los gigantes sin corazón. No existen las historias de Edgar Allan Poe.
No existe la magia.
No existen los personajes que se crean cuando se quiere ser ellos y no tú. No existen los zapatos de cristal. Ni las hadas gordas, ni las delgadas. No existen los carámbanos de hielo que paralizan el corazón. 
No existen los besos que devuelven la vida. Ni las manzanas asesinas. Ni los melocotones gigantes. Tampoco existe La Comarca ni en general la Tierra Media. 
No hay caminos con hierbas azules, violetas o amarillas. No hay pájaros que duerman con sus cantos a los perversos. No hay máquinas del tiempo para volver atrás. Ni monopatines voladores. Tampoco los árboles tienen puertas secretas. Ni existen las casas de golosinas. 

Pero en su lugar tenemos la sensatez y la ciencia. Existen las leyes y el llorar a las personas muertas. Tenemos el trabajo y la responsabilidad. Existe la televisión, la política y la realidad.

...

Existen los espíritus y los fantasmas. Existen los hobbits y las ratas mutantes. Existen los lagos de lava que no quema. También las arañas parlanchinas que viven en los sombreros. Existen los gigantes sin corazón. Existen las historias de Edgar Allan Poe. 
Existe la magia...

jueves, 10 de enero de 2013

De baladre


[No hay un sentimiento más grande que el del odio. Ni si quiera el del amor. Pueden romperte el corazón, destrozar tu virginidad, follarte con tanta dulzura que creas que el cuerpo sólo se creó para eso. Estallar de alegría por un premio de lotería. Morir de pena por la muerte de una madre. Pero sólo el odio puede hacerte correr por encima del agua. Sólo el odio puede ahogarte después.]

Sabía que el día iba a explotarme antes de que acabara la noche, lo supe por el color de mis mejillas al despertar, lo supe por el rojo, por el fuego que quemaba mi garganta, lo supe por el odio.
Tenía que salir de allí. Tenía que construir rápido una burbuja. Un búnker a marchas forzadas cementado en mi ecosistema. Sé de estructura, sé de arquitectura, sé de pintura. Sé de todo tanto que no sé una mierda.
Me puse manos a la obra o la obra en mis manos. Una junto a la otra separadas por milésimas, sin tocarse para proyectar entre ellas. (Es altamente necesaria la cercanía de las manos, el calor de lo vivo. La imaginación de alguien que no quiere estar muerto. Es altamente necesario desear con el espíritu salir del bullicio en llamas. Y sólo así aparece la burbuja, mientras tú diluyes.)
Noté un frescor extraño, un olor limpio, a nada, a como debía de oler el mundo antes de que se inundara de niebla tóxica. Abrí los ojos, estaba tumbada sobre lágrimas de hierba en un jardín rodeado de baladre, acababa en una pequeña casa color alegría. Sonaba agua correr, sonaban violines. Las ventanas de la casa escupían melodía bella, delicada, reconstituyente, como si el ser humano aún la mereciese. Era el paraíso o lo parecía.

- Imilce. Es tuyo, es tu sueño, es tuyo. Tómalo.- Del capullo de una flor de baladre había salido un diminuto oso panda color morado.

El mini panda me invitó a té. Sus tazas eran muy pequeñas así que tuve que tomarme 4, no pareció importarle. Le pregunté por qué y cómo, realmente no entendía nada, me dijo que no importaba, que era mío, que disfrutara de Las cuatro estaciones de Vivaldi que a continuación sonarían, concretamente dijo que había seleccionado para la ocasión Verano, Presto. Me pareció acertado a pesar de saber que en la realidad corría el invierno, pero allí daban igual los tiempos, que no los tempos. Recordé la descripción de aquella melodía, adaptada a mi aborto mental de hacia un momento. Recordé todas las tormentas de mi vida.

Entonces el panda me señaló:

- Tú.- dijo clavando su negro en mi negro.
- Pero yo no sé solfeo.- dije casi sin decir.
- Y los osos no hablan. Y el dinero no mata. Y el amor es incondicional.
Y como contestación me puse en pie, cogí una rama de un árbol pequeña y recta. Les dije a las setas que se situaran a la derecha. Los sapos a la izquierda. Obviamente las luciérnagas al final. Alguien les dio sus instrumentos. El panda me miró satisfecho. Y yo sentí lo mismo que debe sentir un loco atado a su cama con el único entretenimiento de su memoria destrozada, riendo como un hijoputa.
Y la melodía sonó.
Y si algo tengo claro es que no estoy loca, porque ese don sólo es para los privilegiados. Yo sólo hago sonar mi orquesta y bebo zumo de baladre, y si sigo viva es sólo y gracias a que existen las burbujas.
III. Presto

Dedicado a mi hermana, porque ya es hora de que aprenda de una puta vez a hacer burbujas.

miércoles, 11 de julio de 2012

Game Over V



(Game Over IV en: http://miguel-bujan.blogspot.com.es/2012/07/game-over-iv.html)

Con la conquista de Los Veintinueve Universos, cada héroe de guerra había sido congratulado con un planeta, tamaño, según méritos conseguidos. AgRQu1nc3 gozaba de una preciosa esfera de colores. En ella había construido una plataforma inmensa para vivir cómodamente. 
Milk estaría bien allí, prepararía todo para su estancia en la zona privada de su lar.  
Mientras alimentaba a la cría con una mezcla vitamínica apta para su organismo, sabor químicamente afrutado, pensaba de nuevo en la desemejanza de sus orígenes naturales con la de los humanos. Las hembras de su raza, elegían a los machos adecuados para cada cría. El proceso protector materno era dilatado, las madres nutrían a sus brotes con su energía hasta completar la etapa de maduración. Después, extinguida de combustión vital, moría, dejando un ser adecuado a las necesidades de producción en su lugar. Nadie sentía pena por cada madre finada, pues era una muerte prevista, lógica, natural. No era un sacrificio, ni una muestra de amor maternal. Era la ley de sus savias. Muerte necesaria, vida organizada. 
Con el progenitor masculino el vínculo era distinto, los  machos preparan física y mentalmente a sus frutos. Cada padre, maestro de su vástago. Dueño de su futura disciplina y posterior culpable en caso errado. 
AgRQu1nc3 sintió algo parecido al frío de un hielo sobre su cuerpo caliente. Jamás había planteado con tristeza aquel organigrama impecable, dictador de su existencia. Acumulaba cierto cariño hacía sus progenitores, pero no era un amor familiar, sólo un agradecimiento hacía los autores de su vida. Nada más. 
En su especie, la función sexual era únicamente reproductora, por placer estaba totalmente prohibida bajo muerte.  A pesar de esto, tenían necesidades sexuales, que sin más remedio restituían sin compañía.
Pensó entonces en el sexo humano. En la importancia que ellos daban a tal acto. Haciendo de él, el pretexto esencial para una vida placentera... Nunca los entendería, pero curiosamente sintió un cosquilleo extraño…

jueves, 5 de julio de 2012

Game Over III

(Game Over II en:  http://miguel-bujan.blogspot.com.es/2012/07/game-over-ii.html )




Y la nave fue de repente una caverna donde recién se han descubierto pinturas rupestres. Tembló entero él y todas sus articulaciones. Instintivamente AgRQu1nc3 detuvo el conmutador de transmisión de coordenadas. Deslizó su nave, como quien desliza un caramelo desde la punta de la lengua a casi el final del paladar, suave, como teniendo toda una vida por delante. Cavilaba rápido cuál muerte daría al último vástago que la providencia le concedía el placer de satisfacer. La victoria del Planeta Tierra ya nunca podría asignarse a su raza, pero bien podría contar en las reuniones comunitarias que fue él quien mató al último humano. 
A pocos centímetros del único heredero de la barbarie, extendió su lengua secundaria sobre él, pues la mejor arma, no era otra que el líquido salivar de ellos, con un alto contenido de algo similar a la tetrodotoxina. Su lengua, al contacto con cualquier orificio, expande una sustancia pegajosa y negra. En segundos, las constantes vitales disminuyen, enroscando unos músculos enrojecidos, precediendo una espiral de huesos, sangre y colores. Mientras tanto los conductos internos se bloquean. La sangre coagula, paralizando desde cutículas a intestinos. Sin embargo el corazón, capitán del barco, bombea desesperado como último intento de mantener a su tripulación con vida. Para entendimiento social, digamos que el cuerpo explota por dentro. Como unos fuegos artificiales de invierno. Como una tormenta de verano. Como un orgasmo sobre las flores de primavera. 
Debe haber algo universalmente universal, pues la compasión a veces se apodera de la más brutal criatura. Junto con una violenta curiosidad de saltar las reglas... Si algo tras sus estudios, había envidiado del los humanos, era aquella maravillosa forma de actuar sobre impulsos, siguiendo las pequeñas hormigas que danzan en un estómago. Haciendo caso omiso de cordura. Reinando pues, una la locura instintiva. 
Sabía perfectamente trucar el receptor biopsíquico para que ninguna señal del hallazgo tuviera lugar. Escondería a la cría, aprendería de ella, estudiaría sus movimientos... quién sabe. Algo parecido a la ilusión brotó en él. 
Era una demencia colosal que rompía su firme disciplina... Pero el convencimiento de aquel acto llegó en el momento que aquel bello ser lineó su mirada con la suya...

lunes, 18 de junio de 2012

Game Over



Por la posición solar debían ser las 12,00 AM hora terrícola, cuando AgRQu1nc3 pisó el Planeta Tierra. Su temperatura se transmutó en 2 segundos, sonrió, había practicado mucho tiempo en la cápsula emuladora de oxígeno para conseguirlo, de hecho, había perdido más del 30% de sus órbitas oculares, era realmente desagradable cada vez que le explotaba un ojo. Quizá la parte más dura de la preparación. Pero sin aquel aprendizaje, su estructura celular no hubiera podido aguantar más de 5 segundos al contacto con los gases y el calor. Mierda de clima terrenal. 

Estaba nervioso, pero firme, habían sido 1.800.390 actiarios, en dialecto terrícola, 18 años, elaborando la conquista de Los Veintinueve Universos. Era el último planeta por someter. Su cometido esta vez era el más importarte, tras el primer paso de reconocimiento, daría la orden, y miles de naves del tamaño del Mar Rojo sucumbirían el Planeta Tierra. Todo estaba previsto para el postre final. 
Pero tras la emoción de un sueño casi patente, advirtió algo anómalo. Según sus cálculos, debía encontrarse en Berlín, capital, sino recordaba mal, de Alemania. Pero era imposible, pues tan sólo acertaba a ver, restos de lo que los humanos llamaban edificios, escombro, acero y huesos. Quizá había desatinado el punto de aterrizaje. Se sintió ridículo por unos segundos. Así que montó a la nave de nuevo, limpió sus extremidades de apoyo de una pegajosa bilis, que por el color ennegrecido, debía ser de Ángela Merkel y puso rumbo hacía el siguiente punto, New York. Pero la visión volvió a repetirse. Después en Tokio, Madrid, Caracas, donde tuvo un desafortunado episodio con un trozo de oreja, que por lo puntiagudo de su terminación debía ser de Hugo Chávez. Más tarde Bagdad, Londres, París, Nada. Desolados grises. Incomprensible. Él y los suyos reinaban ahora Los Veintinueve Universos. Nadie podía haberles adelantado. 
Pero en su desconcierto, atisbó un halo de luz, había estudiado mucho sobre los entes terrícolas. Seres extraños, de falso coraje y desmesurada violencia. Estúpidos en doctrina. Animales reinados por animales, alimentados de sus propias carnes. Reproductores de copias por placer. Copias que más tarde destruirían las copias anteriores, y así, sucesivamente, todo muy loco. 
Sólo una raza tan necia como la humana era capaz de destruirse a sí misma. 

Con extraña pena subió de nuevo a su nave. Le hubiera gustado ver explotar aquella esfera de colores dominada por smartphones, gases tóxicos y reggaeton. 

En realidad, nunca una guerra fue tan fácil. Ni tan ridícula.