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martes, 1 de octubre de 2013

Virus soy tu Bacteria



En las noticias oíamos que el mundo empezaba a desvincularse de su membrana, que pronto caería. Su núcleo se dividía, siendo miles de núcleos que acababan en cero. Vulgarmente decían que se iba a la mierda. 

Es difícil creer en algo cuando todo lo que es reproducido más de una vez trasluce a mentira. Es difícil pensar que por mucho que todo vaya mal, la cosa llegue a desbaratarse hasta el final, como un castillo de naipes. Como un cuerpo infectado sin antídoto. 

A pesar de, oíamos la radio. El mundo supuraba destrucción por doquier. 
Pensábamos que mientras no fuese el nuestro, todo iría bien. 
Y todo iba bien, todo estaba en su sitio, nos decíamos.
Se oían explosiones a los lejos, se oían llantos, pero no eran de ninguno de los nuestros. "¿qué importaba que otros llorasen? nosotros estábamos bien".

Pero la Creación  seguía reventándose ahí fuera. Pero por suerte nuestro aire continuaba trayendo corrientes de paz, y con eso desvanecíamos los ruidos del extrarradio . Acuarela sobre acuarela, no era nuestro problema, nada podíamos hacer.

Una mañana soleada puede ser como la rara belleza que a veces tiene la muerte. Como los cantos de las pseudo-náyades.  Era un buen día para pasear, al fin y al cabo nosotros estábamos como siempre, no teníamos nada para ellos. 
Sin embargo y extrañamente ese día las sirenas sonaron más cercanas que nunca. 

Cuando quisimos componer el mundo de afuera, el nuestro ya estaba roto, y no tuvimos más remedio que afirmar aquello de que todos los mundos son uno. Todas las manos. Todas las mentes. Todos los problemas son el mismo cuando nada queda.

lunes, 16 de enero de 2012

Erial


Imagen: Imilce

Cierro los ojos y al abrirlos veo gris. Todo parece roto, trae pegamento, me digo. Quizá nada tenga solución en este momento convertido en espiral, cada una igual a la anterior. Momentos bucle, nunca renovados. Nulidad en belleza.


Cierro los ojos de nuevo, y aguando el pensamiento a creer que después todo será como antes, cuando no existían los momentos iguales. Pero al abrirlos todo es gemelo. Todo está destrozado. Las antenas de los edificios apuntan al suelo. Los coches, las aceras, los huesos... todo es cristal roto. Es como el fin de una guerra. Es silencio. Todos simulando a los muertos.


Cierro los ojos otra vez, y al abrirlos espero que al menos estés. Pero ya ni siquiera eso. Nada es ya, sólo está el mismo maldito momento. Es una secuencia blanca-negra. Terremoto sin temblor. Volcán sin lava. Extrarradio sin putas.


Cierro los ojos, como cuando se cierran las puertas con saña y odio. Y pido al dios de la nada y del todo, que me devuelva la calma y el vaivén de los barcos que antes eran mis pies. Pero los abro, y todo sigue emulando a lo anterior, como una película muda, varada en la misma escena de horror. Estructura desmoronada. Tantas horas diseñando planos para acabar quemados. Nada. Políticos vivos, muchedumbre muerta. Televisores hablando. Amor envuelto en infinitas capas de papel de seda negra. Mucha cobertura, pocas palabras.
Abro los ojos, ya imploro. No estás, ni tú, ni nadie. Es como un cuento de mentiras no piadosas, es como para mearse encima de miedo. 
Un sueño sería desaparecer y no volver nunca a este lugar llamado Momento. Pero abro los ojos...


Todo está roto, sí, trae pegamento.

lunes, 2 de enero de 2012

sin munición



Yo soy quien escapa, la que huye. Yo soy quien tiene miedo y corre.

Tú sin embargo me esperas en la misma posición. En ti no pasa el tiempo ni los motivos para huir. Tú soportas mi ausencia y apruebas mi presencia a cualquier hora.
Tú estás dispuesto a mí, a mi antojo, a mis anchas. Quizá por eso me aburres. Por ser una presa débil y blanco inmóvil. Por ser demasiado fácil y darte por hecho.
Tú no entiendes de batallas, tú sólo quieres tenerme como si fuera una dama.  Y noqueas mi juego. Y toda mi fuerza se escapa por debajo de la puerta mientras me besas la cara a cambio de nada. 

Contigo mi rifle me espera en la puerta, nunca disparo si no hay resistencia. 
Y la lucha no es lucha si se golpea al vacío. Y pienso que no eres hombre, y me marcho, y te olvido. Por ser débil, cobarde, rendido. 

Y sin embargo, vuelvo a ti, magullada, derrotada o reina de otras batallas que no se lindaron en tu cama. Y estás, y también tu sonrisa abierta, sin lucha, sin armas.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Soldier


Craco había sido reclutado para la maldita guerra otra vez y estaba cabreado.
Craco no tenía nada qué añorar, pero no por eso deseaba luchar al frente para un puñado de nacionalistas ansiosos de territorio y poder infructuoso. Su sueño no era morir por los intereses trastornados de unos pocos, ni luchar por un estado que ni amaba ni consideraba suyo. Pero había jurado fidelidad a una bandera casi a punta de arma y no existía el "no" por respuesta.
Eran tiempos difíciles, tiempos en los que el mundo seguía luchando por su reparto a la par que se revolcaban como cerdos en el barro llorando hipócritas a sus soldados muertos.
A Craco no le gustaba la guerra. A Craco sólo le gustaban las mujeres y el whisky. Pero de  nuevo tenía la oportunidad de demostrar que no era cobarde renegado de su patria y recuperar el honor de una familia que lo repudiaba, que regresase vivo o muerto daba igual si en el camino lograba algo. Pero él no tenía pretensión de ser orgullo de nada ni nadie.
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Ahora se encontraba en territorio enemigo, él y un grupo de novicios habían sido enviados como infiltrados en una misión de reconocimiento, a modo de imberbes kamikazes. La ciudad en cuestión era un hervidero de enemigos que iban forjando en piel un odio a fuego,  hacia aquellos usurpadores extranjeros, a cada paso que la guerra avanzaba. La misión había sido un fiasco, regresarían a su campamento con las manos vacías.
Craco encontró un pequeño tugurio abierto para tomar unas copas antes de localizar a sus compañeros, debía rendir homenaje al que quizá fuese su último día. Era uno de esos locales frecuentados por indeseables que acaban convirtiéndose en un trozo más de la barra mugrienta, animales sin más olor que el del whisky barato.
Al poco Craco ya sentía explotar un volcán de saturación alcohólica en su boca, el dueño del antro le negó el acceso al baño, así que tuvo que salir fuera, el olor a pescado podrido del puerto inundó sus fosas nasales provocándole otro fuerte amago. Se apoyó sobre unas cajas y comenzó el mismo ritual que cerraba siempre sus verbenas. De repente escuchó unos pasos, se aproximaban botas militares. Craco vestía de civil y podría haber pasado perfectamente por un simple pescador borracho, pero la sensatez hizo que se ocultara tras las cajas. Eran tres, se detuvieron a su altura. Craco contuvo la respiración... Dos de ellos comenzaron a orinar, el líquido mojaba el suelo y se escurría tras las cajas escociendo las manos cortadas de Craco, estaba siendo meado por los enemigos antes de empezar la guerra, “mal asunto” pensó, pero lo peor estaba por llegar:
- ...esos cabrones van a sentir haber comenzado esta guerra, mañana su maldita nación quedará huérfana de hombres ja ja ja ja ja.
- Eso será si los juguetitos no fallan...
- No empieces con tus augurios pusilánimes. Nuestros científicos llevan años trabajando en ello, no fallarán, las últimas pruebas han sido más que favorables, un simple chisme de esos es capaz de volar varias casas. Lloverán vísceras y huesos, y por la noche lo celebraremos cenando soldaditos rojos a la brasa ja ja ja ja.
Cuando el sonido de las botas desapareció, Craco aún temblaba. El enemigo contaba con una nueva arma militar totalmente desconocida para su ejército grande pero arcaico, y parecía ser algo colosal. Era una información más que valiosa, era la información que salvaría a "su" patria de un final catastrófico y con la cual podría elevar alto su carrera militar. Esa información era un golpe de vida para lograr resistencia. Craco lo tuvo claro, se puso en pie y comenzó a correr, tanto que no paró durante horas...
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El suelo retumbó bajo los pies de Craco cuando escuchó el primer BOOOM, mientras desayunaba café y tostadas en un hostal a cientos de kilómetros.
La guerra había llegado a su fin. Y Craco más que un traidor, se sintió un héroe.

jueves, 5 de mayo de 2011

Sólo vencidos




Tiene calor, mucho, el sol no ha sido benevolente en la mañana donde se forjarán nuevos destinos.
Mira hacia delante, dos monstruos inmensos se dibujan entre colinas. Frente a frente. Él debe dirigir los movimientos de uno. Aún no es el momento. No. Miles de hombres esperan, guerreros henchidos de rabia, adiestrados. Soldados capaces, valientes, seres forjados de hierro y carne. La mayoría no conoce otra vida que la guerra. Solamente han tenido ese derecho. Preparados ahora para el ataque o la defensa, según la juguetona suerte. 
Él, rey ambicioso, gran general, cabeza dirigente de miles de manos ejecutoras. No siente miedo, pero por primera vez repasa su larga vida. Erguido con porte firme y apariencia serena conoce que ha cometido injusticias y vilezas, sabe sin saberlo que quizá sólo sea su trastornada pretensión de ser el único dueño del mundo, lo que les lleva a todos a esa eterna lucha. De repente duda  si es necesario arriesgar tantas vidas para intentar conseguir un anhelado y codicioso sueño. Sí, se dice, lo es, las grandes causas sólo se consiguen con enormes sacrificios. Desde luego no el suyo propio.
Dibuja mentalmente los rostros de sus cuatro hijos varones.
También piensa en su esposa reciente fallecida, matrimonio basado en la unión de alianzas, mujer fría, distante, parca en palabras. Nunca la había amado, alguna vez le sintió cariño.
Piensa en su otra "Ella", sierva, después amante. Siempre a las sombras de una gran reina. Hembra discreta y talentosa,  perfecta en medidas, suave en textura,  hermosura única. 
Sabía entregarse a él con sentimiento puro. Innecesarios fueron oro y palabras con esa mujer. Amor por amor, cuerpo por cuerpo, alma por alma. 
 Recordó la noche donde se amaron quizá, por última vez. La penetró hasta las entrañas haciéndole sentir y saber que era sólo suya, convirtiendo placer y deseo en unión perfecta,  círculo cerrado. Ella gritaba muda, después complaciente chupó su sexo despacio,  llegando a la desesperación de su sentir en su cumbre más alta, hasta cubrir su cuerpo desnudo de nieve blanca. Ella no sentía deshonra por ello, le gustaba hacerle disfrutar por encima de todo. 
Inevitablemente sintió su miembro crecer. Sonrió adentro, su sexo no sabía distinguir entre momentos, aquel no era propicio. Cambió de pensamientos.
Pensó de nuevo en la cercana batalla, sabe que la tierra donde pisan pronto brillará por sangre y vísceras derramadas,  color cruel y bello al mismo son. Brillará. Después los buitres colmaran sus entrañas.
Siente que ganará la batalla, será rey de reyes, regresará a su tierra aclamado por todos, las gentes darán saltos de júbilo, el sonido de las risas ocultará el eco de los llantos, nadie podrá oírlos. No es fácil caminar por el desfiladero del Hades, todos no podrán salir de él.
También pueden ser vencidos, pero ese pensamiento no tiene cabida en su mente.
Vibra su cuerpo, el suelo tiembla.
Se acerca el momento, no hay tiempo de más, se ajusta el yelmo. Inspira férreo. Por último siente picor en la cabeza. Sonríe de nuevo. 
- Soldados ¡Combatir y vencer!  ¡Sólo victoria!- Aúlla.- ¡Qué la suerte nos acompañe o volveremos a vernos en el averno! -  Y bajando su brazo confirma sus palabras. Las cornetas apoyan su orden. Gargantas braman al unísono:
- ¡Combatir y vencer! ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Por el Rey!

Miles de pies caminan hacía una encarnizada lucha. Unos pocos se mueven por lealtad a la patria, los mercenarios por oro.  Pero muchos no saben que es lo que les ha llevado a caminar hacia ese averno que su rey les grita. La mayoría de ellos obligados a alistarse en filas no tuvieron elección posible, arrancados de sus hijos, mujeres, hermanos, padres... Sin tiempo a disfrutar de sus vidas,  cambiaron existencias tranquilas por una posible muerte y causa.  
Pero ahora sobran los motivos.

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Y todos cayeron muertos en esa mañana de destinos, dos ejércitos mutuamente derrotados bajo el manto del sol como único testigo, sólo él quedó vivo. Solo en un mar de muertos que ya no podrían aclamarle nunca.

La ambición de pocos siempre dictará el destino de muchos.
 NADIE ganó ni ganará NUNCA  ninguna guerra. Pasadas, presentes, futuras.
Ninguna batalla tiene ganadores. Sólo vencidos.
Pero es difícil saber cuando los mortales se darán cuenta de esto.

Mientras tanto los buitres seguirán disfrutando .