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viernes, 20 de julio de 2012

Los cojones de María

María era de esas personas que te hacían volver a creer en el género humano. 
Entre moscas y calor, recuerdo aquellas tardes cuando la pequeña danzaba en el jardín mientras María y yo jugábamos a las cartas, apostándonos formas de nubes de una vida mejor que quizá nunca llegaría... Solía ganar yo, aunque ella lo hacía en otras cosas. Como las carreras de los martes para conseguir el mejor puesto, delante del nuevo cartero del pueblo. Aunque en realidad a mí me diese igual aquel muchacho, me gustaba competir con ella. 
Al final un día, María, se tiró al cartero, y yo quedé sin poder jugarme las nubes ese martes. Más tarde vino a mí, pero yo no pisaba las losas de mi comadre por si acaso confundía las cartas de jardín. 

Muchas primaveras antes de las tardes entre nubes, María se había quedado preñada con 16 años, no pudo abortar porque le faltaron 15.000 pesetas. En ese tiempo estaba tan penado abortar en tierras de dios como pedir dinero. A falta de los duros, tuvo una niña. La compensación fue extraña porque María era de esas mujeres, que de no haber sido así, nunca hubiera sido más madre que de una mochila y un mapa. En aquel entonces yo rondaba los 13 años, pero como casi todos los del pueblo, ya sabía fumar. Conocíamos a María porque nos regalaba tabaco de contrabando a cambio de ayudarla con el huerto.
No sé bien qué día, ella y yo nos convertimos en pilares mutuos. Pero sí cuando me salvó las bragas y la vida...
Corría yo un día sin colegio, con tres chicos del pueblo amigos de mis hermanos. Aquellos chicos me respetaban, pero habían robado vino de las bodegas de Paquín, y alcohol+culo joven, dictaba mucho del respeto, y más aún de las consecuencias en momentos de posible eyaculación no-pajillera. Quizá hubiera podido defender mi estampa por separado, pero eran tres y no uno y ése día yo llevaba falda. Pero María vino a mí, como Ulises a su Penélope, como caballo a su yonki. La recuerdo aparecer entre los matorrales, preñada hasta las cejas de unos 8 meses, la escopeta de su hermano, y el vestido remangado. Su voz chillando como una cerda en el matadero, sabiendo que no hubiera vacilado ni ante un ejército de 100 hombres, recuerdo el nítido del rojo de la sangre de Juan, el hijo del pescadero. "Por suerte" solo perdió 3 dedos, y yo mis medias de los días sin colegio. 
María los hubiera matado a los tres de ser necesario, incluso si el arma no hubiera llevado balas, lo hubiera hecho a culatazos, y sé yo, como sabían ellos entonces, que ni su bebé hubiera temblado en sus entrañas. Porque María tenía cojones. Y siempre los tuvo. 

Cuando la niña rondaba los 10 años, aún no había pasado ni un ápice de hambre. Aunque María y yo ya habíamos robado muchos tomates y saltado demasiadas vallas. Pero las cargas doblan espaldas, y María decidió cambiar de vida antes de partir la suya. Así, con la mano de su pequeña, como una extensión de su aire igual que un manantial de agua, como la sangre que perdió Juan aquella mañana.
Recuerdo que me apretó la cara y me dio las gracias. Memoro que yo, le apreté la mano y no dije nada. Pero mientras perdía sus siluetas en el andén, pensé que si el mundo hubiera tenido los cojones de María, todo nos hubiera ido mejor.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Ecuación




De escenario, paredes alicatas, un reloj varado, un hornillo sucio, un frigorífico cansado, una mesa, alguna silla. De olor, un pequeño tufo a  manzana podrida, un fuerte aroma a estofado cortesía del patio vecinal, olor a detergente marca blanca, desaparecerá en el momento que la ropa deje de estar mojada. Mucho asco y alcantarilla. 
De sonido, orgías peatonales, coches en marcha, cuchicheos en megáfono, música comercial, un televisor de fondo, quizá dos. Podría escucharse el canto de los pájaros, pero son demasiado insignificantes para el mundo como para dejar espacio a su piar. 
Y sobre las losas de la cocina se encuentra él, que no provoca otra cosa que  pena, es huesudo, blancuzco. Siempre calmoso. Se llama Carlos y tiene 14 años. 
Su padre, Lorenzo, se encuentra en la habitación de matrimonio follando con Mariana, la carnicera, casada con Julián, el barrendero, que después de 19 años limpiando mierda en las calles, no  ha sido capaz de raspar la basura de su propia casa.  
Julián peca de minipene. Mariana peca de grandes tetas.  Lorenzo peca de mucha experiencia en comer coños.  Lo bueno de los barrios es que todo queda en los barrios. Y todas las mentiras son ecuaciones resueltas por el método de igualación. 
La madre de Carlos, Antonia, se encuentra empotrada en una habitación auxiliar, respirando a través de máquinas traidoras que no la dejan marchar. Antonia y su cuerpo casi no existen, pero están. Antonia vive desde hace 4 años en muerte cerebral. Antonia quiso limpiar lo innecesario de las persianas que dan a la calle, un traspié  la hizo caer desde un tercero, pero el coche de Perico el bombero amortiguó su caída. Por desgracia para Antonia vive en un país el cual prohíbe la muerte asistida, pero consiente vivir en pena de muerte. Por desgracia para Antonia su marido es un cobarde.
A Carlos le entristece pensar que pronto dejará de ser un niño, porque le repugna convertirse en un adulto. Carlos sabe todo lo que pasa en su casa, en su barrio, lo sabe porque observa, porque es inteligente y piensa demasiado. Lo que nunca imaginó es que acabaría ocupándose de cambiarle el pañal de mierda a su madre, mientras su padre gasta lo que podría costar una asistenta jugando a las cartas en el bar.


Carlos ha cerrado todas las ventanas de la casa, es el momento de dejar de oír. A Carlos siempre le gustó el color del butano. 
Y Carlos abre el gas. 


(Texto inspirado en Alástor y en sus bombones de butano,  feliz cumpleaños)

jueves, 17 de noviembre de 2011

Conjugándonos



Tú eres noticia pasajera.
Yo soy fruto marchitando.
Él es futuro lejano y acabará en pasado olvidado.
Nosotros no seremos nada dentro de los años que no superen las dos cifras.
Y ellos no serán más que ceniza sobre nuestro polvo.

Pero sin embargo ella se mantendrá imperecedera, haciendo hueco en sus entrañas para tragarnos a todos.
Porque somos la grasa que ceba la tierra. Porque somos su materia rica en vitaminas. Porque somos la bencina que la hará prender.
Pero posiblemente nunca seamos capaces de ver cómo arde. Porque ante todo, somos ciegos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Zorra


Ella caminaba por la calle, sin aparente rumbo, entró en un parque para pasear por el césped moribundo, adornado por flores jeringuillas y hojas metal de lata.
Susurraba una canción de Nirvana cuando la vio. Era una mujer de unos 60 años, estaba agachada, como escondida detrás de un trozo de madera que en su día fue un banco.
- Señora ¿Está bien?
- Sí, sí, vete, largo de aquí.
- Vale.
- A ¿qué te vas??... ¡qué vergüenza!
- Señora acaba de decir que me vaya.
- Eso mismo, como te digo que te vayas, te vas, tú ya quedas libre de conciencia, ¿verdad? ya es problema mío, sea cual sea, lo mismo me quieren matar, o robar, o cualquier cosa, pero como te he dicho que te vayas, pues te vas, muy humano, anda que vaya moral....
- Señora la moral es un invento de la sociedad para intentar manejarnos. Pero venga, replay,  ¿puedo hacer algo por usted?
- Pues claro que no puedes idiota, ¿es que crees que necesito ayuda?
- Pues no lo sé, pero lo que sí sé es que es el momento perfecto para mandarla a la mierda.
- Mal educada.
- Ha empezado usted. Adiós.
- Egoísta, ala ala, venga que seguramente tienes muchas cosas que hacer, acostarte con hombres y fumar esas cosas raras de ahora. Venga corre a tomar pastillas y aspirar rayas, así tenéis todos los jóvenes el cerebro, lleno de basura, que no tenéis ni sensatez ni sentido de ayudar al prójimo, ni nada.
- No sé yo quien es la que va fumada. Señora no me toque más las narices, si quiere algo dígalo ya o cállese, porque tengo que ir a drogarme, dentro de poco van a dar las 12.00 del mediodía y es la hora del tripi, ya sabe, tareas de la juventud.
- Qué cosas más raras dices.  No, no puedes hacer nada por mí, simplemente pisé una caca de algún perro asqueroso e intentaba quitármela disimuladamente, hasta que viniste a molestar.
- Me gustaba más la opción de que alguien quisiera matarla.

sábado, 28 de mayo de 2011

BarcelONa



PARA ESTA MIERDA DE PAÍS CORROMPIDO POR SABANDIJAS QUE NO CODICIAN MÁS QUE ATIBORRAR SUS PROPIAS BARRIGAS MANIPULANDO UN SISTEMA NO DEMOCRÁTICO 







No hay camino con la paz. ¿Cuál debemos usar entonces? 

lunes, 23 de mayo de 2011

Buena gente

- Hola, buenos días, venía para dar de baja una cuenta corriente.
- ¿A su nombre?
- No, está a nombre de mi padre que ha fallecido recientemente.  Me están cargando a mí las comisiones y gastos de cuenta. Querría solucionar el problema.
- Ya, pero tiene que venir su padre a firmar.
- Señora, le acabo de decir que mi padre ha muerto. Y yo soy la única heredera, alguna forma habrá...
- Pues mire no, tiene que venir él y firmar, no hay otra forma.
- ¿Me está vacilando?
- ¿Perdone?
- Le estoy diciendo que mi padre ha muerto, está esparcido por el Mediterráneo, me sería muy difícil recomponer sus cenizas y hacerle venir a firmar el puto cierre de la cuenta.
- Mire todos tenemos problemas y si se va a poner impertinente es mejor que se vaya.
- ¿Pero usted es subnormal? Esto es broma ¿No? ¿Y la cámara?
- Señorita las cámaras lo único que están grabando es su falta de educación y si sigue poniéndose violenta me veré obligada a llamar a seguridad.
- ¿A que le meto un bofetón para que tenga motivos?
- ¡¡Oin!! Es usted una maleducada. ¡Seguridad! Por favor ¡Seguridad!
- Pero buenoooo esto es surrealista, suéltame gilipollas ¡¡Ahggg!!
- Ala llévese a la tía loca. ¡¡Adiós señorita!! Y recuerdos a su padre.