Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de abril de 2013

No vendo mis ojos

Interludio. Sin actos. Sin música. Sin rimas. Sin colores. Sin orden.  Sin sentido.



imagen: Imilce


Diría, quiéreme por dentro y no por como se espera que sea. No seré jamás sublimidad. 
Los cambios son oxígeno, pero no es el momento, no hoy, tampoco ayer y mucho menos sé que no será mañana. No es hora para ideales exactos proporcionados en armonía. No es hora para el orden, y quizá nunca lo sea si este río sigue contaminándome con revolución continua. Interna. 

Dentro de las claridades, afirmo sólo que seré detritus, y aceptarlo es un paso a la tranquilidad, a mi sosiego. Igual que tú, que no eres nadie y a la vez puedes ser todo, aceptes la tormenta.

No es que ya no espere nada. Es que todo se ha convertido en una espera hacía la nada. La nada es la espera.  O esperar es nada. La sucesión deja de tener sentido, ¿Entonces? indolencia, apatía "no, no me esperes para cenar, ya estoy acostada, casi estoy dormida".  


Nunca llego a tiempo a las despedidas. Esta vez tampoco le dije adiós al invierno. Joder, ni siquiera ha hecho las maletas. Ha dejado al frío en el paritorio, dando calor sin mesura ni aviso. Prematuro, como lo indeseado. Como los suicidios. 

No quiero más colores grises. Ya tengo la mañana llena. Ya ha salido el sol en todas las aceras. Pero aquí, aquí sólo llueve tristeza.

Y antes de decir esta boca es mía, estos son mis ojos, estas son mis piernas. Esto es todo y lo que realmente es mío, es lo que toco y lo que muevo, por eso abriré los ojos sólo cuando quiera hacerlo.


Desnuda la fragilidad, mi fragilidad que me asquea,
apunto que la debilidad es la metamorfosis a la fuerza. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

de volver


Nos habíamos citado a las 6 de la tarde, pero a las menos cinco los nervios ya me habían empujado a ser sorprendentemente  puntual ese día. Ella me abrió la puerta con una sonrisa y con la mano me invitó a pasar. Sentí un escalofrío al pisar de nuevo las losas color hueso y manzana. Mientras simulaba dejarme guiar  hacía lo que ahora era el salón de un gabinete de pedicura clandestino, recorrí de nuevo cada forma en la pared y cada grieta, la puerta del aseo continuaba ligeramente manchada por gotitas de amarillo limón. Sonreí agridulce por estar de nuevo allí "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", pero volví. 
Me ofreció café.
- ¿Tienes leche condensada?
- Sí.
- Entonces un bombón, gracias.
La acompañé a la cocina. Estaba igual, tan sólo faltaba la mesita donde hacía 3 años había desayunado durante 6 de mi vida. Seguían las sillas sin respaldo y las cortinas horteras que en su día me había regalado mi madre cuando me independicé. El reloj de números romanos aún estaba parado y el primer cajón del mueble continuaba sin pomo.
Tomamos café sentadas en la cocina sin mesa. Me contó que hacía un año la habían despedido del centro de estética donde trabajaba, que con la indemnización había pagado un año de piso y había comprado algunos artilugios para realizar por su cuenta su oficio. Era agradable, simplona pero curiosa, debía tener mi edad o quizá algún año más. Nunca me han gustado las personas que desde el primer momento tratan como si conocieran de toda la vida, sin embargo ella lo hacía con un toque descarado pero natural que no despertaba desprecio.
- ¿Por qué elegiste este barrio?
- Porque todos los balcones de las calles tienen flores y porque siempre huele a jazmín.
Cerré los ojos medio segundo, y ella no percató de que acababa de clavar un dardo en algún sitio de esos que hacen secar la garganta. Rehíce aquel día en el que él había venido a buscarme al trabajo diciéndome que  por fin había encontrado un piso ideal para nosotros, que sabía que me gustaría porque era un barrio tranquilo lleno de flores.
- ¿Estás bien?
- Sí... disculpa, el café quema un poco. ¿Puedo fumar?
- Si me invitas a uno sí, dejé de fumar hace tiempo, bueno más bien dejé de comprar jajajaja
- jajaja, el piso es bonito, tiene luz y es acogedor.
- Por eso lo elegí. Aunque quizá cuando cumpla el año me mude.
- ¿Por qué?
-  ... es algo extraño.
Sonreí,- Me gustan los extraños, y lo extraño.
- A veces pasan cosas raras.
- ¿Raras?
- Sí, por ejemplo, siempre que me ducho y el cristal del baño se empaña, aparece un nombre, Candela. Sé que no es nada del otro mundo, probablemente alguna vez lo pintaron con algún producto fuerte que con el  vapor sale de nuevo, no sé.
- Bueno siempre puedes cambiar el espejo, no creo que sea raro, será eso que dices.
- Lo he pensado más de una vez... quizá te parezca contradictorio, pero no quiero cambiar nada de esta casa, por alguna razón siento que las cosas deben estar en cada sitio según se dejaron. No sabría explicarte, pensarás que soy idiota.
- No.
- Yo no creo en fantasmas, no creo en dioses, y no creo en nada que no sea tangible. Pero cada noche desde que estoy aquí, sueño con la voz de un hombre que me dice que no debería haberme cortado el pelo, que le gustaba largo como cuando me conoció. Pero yo nunca he llevado el pelo largo.
- ¿Y la voz de tus sueños te dice algo más?
- Me dice que le lea. Que le vuelva a leer libros, que echa de menos mi voz. A mí no me gusta demasiado leer ¿sabes? mucho menos en voz alta.
- A mí me encanta leer en voz alta. Imagino que serán cosas del subconsciente.
- Supongo, ¿empezamos ya? tengo otra cita a las 7,30.
 -----------------------
Cuando terminamos,  me acompañó a la puerta, le dije que había quedado contenta con su trabajo y le pagué lo que pidió por ello, nos despedimos y sutilmente me invitó a que la recomendara a mis amigas, asentí y comencé a bajar las escaleras, cuando me dijo:
- Oye, no me acuerdo de cómo me dijiste que te llamabas.
- No te lo dije, pero me llamo Candela.- Y continúe bajando aquellas escaleras que mil veces había subido a oscuras, mientras él guiaba mis pasos y yo sus manos. 
- e.. espera .- la oí decir, retumbando su eco en el mármol. Pero ya había vuelto una vez y dos no eran necesarias. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Mi colega Frank.


No he aprendido nada en este tiempo y sin embargo hay mañanas en las que miro a mi izquierda y veo un orbe semi abierto que comienza. Hay mañanas que miro y eres tú, y me sorprendo porque entonces soy yo y no hay vacío.

En el pasado busqué pegamento para lo fragmentado, para el agujero negro que tragaba pieza a pieza, pelo a pelo, célula a célula, gota a gota, víscera a víscera, carne a carne... de mí. Y nació la capacidad de atormentarse a uno mismo durante eternos para llegar al fin de una resolución, total, clara, lacónica. Volviendo a validar los componentes. 

Ahora tengo de nuevo dos manos, dos pies, veinte dedos, un corazón, unos 5 litros de sangre, una sonrisa. Oídos, boca, todo correcto. Lo necesario para hacerte feliz dentro de la infinidad estúpida de la palabra. Tengo disposición y un contrato basura. Un techo, un cuerpo, cariño. Tengo un mundo que vuelve a fusionar. Un bizcocho en el horno que crece saliéndose del molde, aromatizando a vida la casa. Pero sobretodo tengo el caos dentro del orden. En el orden el motor del barco, en el barco la conciencia de los impulsos, en los impulsos el control de un cirujano que sabe sacar un corazón, cambiarle las bujías y ponerlo en su sitio de nuevo. En el corazón tengo el temple de un asesino que aprieta un día más el gatillo sin saber a qué sabe la piel que roba. En la piel tengo el afloro de irresponsabilidad de un adolescente que  fuga las clases saltando las vallas del C.E.I.M. (Centro Educativo Incapacitador de Mentes) porque quiere ver con sus ojos qué hay detrás del muro. Y yo en los míos tengo lo que quiero ver porque con las manos derribé la pared.

Tengo al doctor Frankenstein reestructurándome de nuevo. Trabajando en la torre apartada de mi cerebro.

martes, 28 de agosto de 2012

Napalm y melocotones



Son como las formas que hace el jugo de la fruta en piel, entremezclando calor y frío, absorbiéndose,
introduciéndose, intercalándose,
desordenando temperaturas.
La dermis arde y fluyen turbulencias en las partes blandas, 
suavizándolas, fructificándolas. 
El aire se endurece y la vida se entrecorta. 
La piel se desvela,
se desquita
        se desquicia
                   se desviste
                             se desinfecta
                                          se desvirga mil veces.                                        
Son como las formas que hace el jugo del sudor goteando sobre un cuerpo
recayendo en algodón recién lavado,
recién limpio para pervertir,
para manchar,
para ignorar premisas,
pariendo perfección que al nacer, 
es habilidad 
es juego
es tiempo sin tiempo
sin prisas, 
es napalm estallando entre cuatro piernas 
y dos sonrisas.