lunes, 3 de diciembre de 2012

de volver


Nos habíamos citado a las 6 de la tarde, pero a las menos cinco los nervios ya me habían empujado a ser sorprendentemente  puntual ese día. Ella me abrió la puerta con una sonrisa y con la mano me invitó a pasar. Sentí un escalofrío al pisar de nuevo las losas color hueso y manzana. Mientras simulaba dejarme guiar  hacía lo que ahora era el salón de un gabinete de pedicura clandestino, recorrí de nuevo cada forma en la pared y cada grieta, la puerta del aseo continuaba ligeramente manchada por gotitas de amarillo limón. Sonreí agridulce por estar de nuevo allí "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", pero volví. 
Me ofreció café.
- ¿Tienes leche condensada?
- Sí.
- Entonces un bombón, gracias.
La acompañé a la cocina. Estaba igual, tan sólo faltaba la mesita donde hacía 3 años había desayunado durante 6 de mi vida. Seguían las sillas sin respaldo y las cortinas horteras que en su día me había regalado mi madre cuando me independicé. El reloj de números romanos aún estaba parado y el primer cajón del mueble continuaba sin pomo.
Tomamos café sentadas en la cocina sin mesa. Me contó que hacía un año la habían despedido del centro de estética donde trabajaba, que con la indemnización había pagado un año de piso y había comprado algunos artilugios para realizar por su cuenta su oficio. Era agradable, simplona pero curiosa, debía tener mi edad o quizá algún año más. Nunca me han gustado las personas que desde el primer momento tratan como si conocieran de toda la vida, sin embargo ella lo hacía con un toque descarado pero natural que no despertaba desprecio.
- ¿Por qué elegiste este barrio?
- Porque todos los balcones de las calles tienen flores y porque siempre huele a jazmín.
Cerré los ojos medio segundo, y ella no percató de que acababa de clavar un dardo en algún sitio de esos que hacen secar la garganta. Rehíce aquel día en el que él había venido a buscarme al trabajo diciéndome que  por fin había encontrado un piso ideal para nosotros, que sabía que me gustaría porque era un barrio tranquilo lleno de flores.
- ¿Estás bien?
- Sí... disculpa, el café quema un poco. ¿Puedo fumar?
- Si me invitas a uno sí, dejé de fumar hace tiempo, bueno más bien dejé de comprar jajajaja
- jajaja, el piso es bonito, tiene luz y es acogedor.
- Por eso lo elegí. Aunque quizá cuando cumpla el año me mude.
- ¿Por qué?
-  ... es algo extraño.
Sonreí,- Me gustan los extraños, y lo extraño.
- A veces pasan cosas raras.
- ¿Raras?
- Sí, por ejemplo, siempre que me ducho y el cristal del baño se empaña, aparece un nombre, Candela. Sé que no es nada del otro mundo, probablemente alguna vez lo pintaron con algún producto fuerte que con el  vapor sale de nuevo, no sé.
- Bueno siempre puedes cambiar el espejo, no creo que sea raro, será eso que dices.
- Lo he pensado más de una vez... quizá te parezca contradictorio, pero no quiero cambiar nada de esta casa, por alguna razón siento que las cosas deben estar en cada sitio según se dejaron. No sabría explicarte, pensarás que soy idiota.
- No.
- Yo no creo en fantasmas, no creo en dioses, y no creo en nada que no sea tangible. Pero cada noche desde que estoy aquí, sueño con la voz de un hombre que me dice que no debería haberme cortado el pelo, que le gustaba largo como cuando me conoció. Pero yo nunca he llevado el pelo largo.
- ¿Y la voz de tus sueños te dice algo más?
- Me dice que le lea. Que le vuelva a leer libros, que echa de menos mi voz. A mí no me gusta demasiado leer ¿sabes? mucho menos en voz alta.
- A mí me encanta leer en voz alta. Imagino que serán cosas del subconsciente.
- Supongo, ¿empezamos ya? tengo otra cita a las 7,30.
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Cuando terminamos,  me acompañó a la puerta, le dije que había quedado contenta con su trabajo y le pagué lo que pidió por ello, nos despedimos y sutilmente me invitó a que la recomendara a mis amigas, asentí y comencé a bajar las escaleras, cuando me dijo:
- Oye, no me acuerdo de cómo me dijiste que te llamabas.
- No te lo dije, pero me llamo Candela.- Y continúe bajando aquellas escaleras que mil veces había subido a oscuras, mientras él guiaba mis pasos y yo sus manos. 
- e.. espera .- la oí decir, retumbando su eco en el mármol. Pero ya había vuelto una vez y dos no eran necesarias. 

21 comentarios:

  1. Ummmmmm Ummmmmmmmmmm, qué intrigante y qué sugerente!!! Un abrazo.

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  2. Precioso, como siempre. Candela debe de estar satisfecha de visitar sus recuerdos espaciados en el tiempo...

    Mucho mas detallista que otras ocasiones, aun asi, delicioso... me alegro de haber aguantado tanta espera. Merecio la pena.

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  3. Un relato misterioso que suena entrañable al leerlo... Me quedan preguntas: qué pasó entre Candela y el hombre, pero es mejor así, quedarse dando vueltas, saboreando esta bonita historia más de una vez...
    Que poco te dejas ver... No es un sermón, es solo que se nota tú falta... Besos.

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  4. Muy Bueno, me ha encantado... Atrapado desde la primera letra...

    Gracias, siempre es un placer LEER

    Saludos

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  5. Nena, es buenísimo, desde la primera línea ya te enganchas, está genial y te deja un delicioso sabor de boca. Chapeau!
    Un besazo.

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  6. Buenisimo!!! me seguiré pasando, besos de ternura...

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  7. Se me vienen a la memoria ciertos viajes en autobús en los que uno suele matar el tiempo que pasa observándolo todo a través de las ventanillas imaginando mientras tanto futuros o imprudencias. Yo solía imaginarme al otro lado del cristal, corriendo a la misma velocidad que el autobús evitando a los brincos cualquiera de los obstáculos que se me enfrentasen en la carrera.

    Eres una tipa lista y sabrás de qué te habla el gallego ¿cierto, Imi?
    Un beso, nena.



    P.d.: A esa cocina solo le falta el humo de un buen guiso de setas llenándolo todo, o quizás, algún muchacho.

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  8. primera ves que te leo.... pero que gusto leerte.... despierta cosas agradables

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  9. Primera vez, que te leo pero que gusto, despierta algo, resulta agradable.... raro pero agradable

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  10. Un relato que te atrapa desde el principio, triste, emotivo, con dosis de misterio, va dejando que sumergas en sus letras hasta el final, que por cierto me ha encantado.
    un abrazo,Imilce.

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  11. Imilce me ha encantado.
    Te echaba de menos, me faltaba leerte y ya lo he hecho.
    Un abrazo con fuerza!!!

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  12. Una delicia....preciosa historia.

    Un beso

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  13. Atrapante relato. Felicitaciones
    Abrazo

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  14. grandísimo relato...me ha puesto la piel de gallina, me he transportado a esa casa y la he imaginado con cada detalle...

    preciosa historia triste...

    te espero en mi blog...

    un abrazo

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  15. "...ya había vuelto una vez y dos no eran necesarias." No puedo decir lo mismo de este rincón de palabras semiescondido... y semidesnudo.
    Esta entrada dejó temblando mis recuerdos, y eso no siempre gusta, de tan quietos que estaban ya creí que se habían ido, pero no...
    Sea como sea, gracias :)

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no siempre contesto, pero estoy.


hastadondelleguenmismanos@gmail.com